Este blog comenzó con la idea de dar una visión personal sobre turismo y, principalmente, cine. Al final, y como me fue gustando más la idea de ir describiendo distintas ciudades, dejé algo aparcada la parte dedicada al cine. Más bien se podría decir que la olvidé por completo. Y al ver este post la gente que me siga pensará: “¿Qué le habrá hecho cambiar de opinión sobre la temática del blog, al menos hoy?” Si seguís leyendo enseguida lo descubriréis.

La última semana me ha concedido el tiempo necesario para ver dos películas en las que tenía muchas esperanzas depositadas. Estas películas son Nightcrawler e Interstellar. Y ahora vayamos por partes, con la crítica de la primera de ellas.

Nightcrawler: primera película como director de un Dan Gilroy, que no había cosechado muchos éxitos como guionista de películas tales como The Bourne Legacy. Aquí puede surgir la duda de qué me llevó a ver la película. En este caso, y aparte de la temática que me resultó muy llamativa, hay un nombre clave: Jake Gyllenhaal. Este actor que comenzó su carrera allá por 1991 iba encadenando papeles en películas para olvidar. Todo cambió en 2001cuando comenzó a labrarse su carrera como lo que es a día de hoy (al menos en mi opinión), un actor como la copa de un pino, con su participación en Donnie Darko. Muchos de vosotros lo recordaréis como el otro vaquero homosexual de Brockeback Mountain (o su título en Turquía, dos vaqueros maricas) junto con Heath Ledger, pero su carrera posterior ha dejado joyas de la talla de Zodiac (una de mis películas favoritas), Prisoners (una de las olvidadas en los Premios de la Academia el pasado año) y Enemy. Con Nightcrawler le ha llegado la hora de llevar el peso de una película, y para mí lo consigue con creces, llevándola a cotas muy elevadas. Sin ninguna duda, el mejor trabajo de su carrera. Pero vamos a centrarnos en la película, que para algunos críticos de cine es una digna heredera de Taxi Driver con Robert De Niro, que me da pie a comenzar con mi opinión sobre la película.

Si alguien quisiera mezclar los personajes interpretados por Robert De Niro en las películas Taxi Driver y The King of Comedy dirigidas por Martin Scorsese, el resultado sería algo parecido al personaje aquí interpretado por Jake Gyllenhaal, Lou Bloom. Una persona insaciable, ambiciosa hasta límites insospechados, que hará dudar al espectador en momentos del largometraje sobre la existencia de humanos de esta índole.

El primer detalle al que quiero llamar la atención es la mirada de Lou Bloom durante toda la película. Siempre ha sido una característica en los personajes de Gyllenhaal, pero en este caso aún más. Son el reflejo de los pensamientos de una persona que, algunos podrán tachar de desquiciada, a los que no quitaría ni un ápice de razón en su opinión, pero sobre todo un personaje al que la ambición convierte en un ser sin ningún tipo de sentimientos ni escrúpulos. Desde el inicio de la película cuando nos presentan a Gyllenhaal deambulando sin rumbo fijo en la noche de la ciudad de Los Ángeles, con “empleos” varios como el robo y venta de cobre, siendo incluso capaz de pedir empleo a sus compradores y vendiéndose como una persona honrada, vemos que es una persona que no se detendrá hasta conseguir lo que él más desea.

Y ese deseo aparece un momento después, cuando Lou Bloom se topa en su camino con un accidente de tráfico y observa sorprendido que hay un grupo de personas grabándolo, en modo freelance más concretamente, y que estos se ganan la vida vendiendo esos vídeos a la televisión a posteriori. La atención de Lou en este evento muestra que realmente ha nacido para tener una ocupación así, donde no requiere apenas relación con otras personas, aspecto que como veremos durante varias partes de la película es una de sus características más singulares. Este será desde entonces su empleo, ir encontrando accidentes de tráfico y todo tipo de sucesos que puedan concederle las mejores tomas que le den el suficiente dinero para vivir.

Sus inicios con cámaras rudimentarias y no mucha suerte en las grabaciones que realiza, hace que el espectador sienta un poco de pena, y a lo mejor algo de empatía, por el personaje. Sentimiento que no va a durar demasiado tiempo, a no ser que estéis también algo desquiciados. Pronto conseguirá comenzar a vender sus grabaciones y éstas irán aumentando su calidad. Más que calidad habría que definirlo como un aumento en el sadismo, porque como bien dice Rene Russo durante la película, “la gente quiere cuanto más sangre mejor”. Y nuestro personaje, Lou Bloom, no va a hacer ascos a esta premisa. Incluso la va a disfrutar de una manera enfermiza. Pero su ambición no tiene límites, llegando incluso a modificar escenarios de crímenes o accidentes para conseguir la toma perfecta, y muchas otras cosas que espero que descubráis viendo la película.

Sin más os invito a que veáis esta actuación de un Gyllenhaal impresionante, encarnando a Lou Bloom,un coyote en el cuerpo de una persona. El resultado es una de las mejores películas que he visto en este 2014.

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