El título de este comentario creo que evidencia claramente el contenido de este post.

Como bien sabéis todos los que me conocéis soy un apasionado de los deportes. Entre ellos, uno de los más destacados es el tenis.

Hasta este año, había tenido la posibilidad de ver en directo el Masters Series de Madrid en numerosas ocasiones y diferentes pistas (rápida y tierra batida), Masters femenino cuando se organizó en la capital española, Challenger del Espinar y por último el torneo de Queen’s en Londres y sobre hierba. Una vez supe que iba a comenzar a trabajar en Bélgica, comencé a mirar entradas para acudir a Roland Garros y Wimbledon centrándome más en el primero para este año.

El periodo de venta de entradas comenzó el día 15 de febrero y, unos días después ya disponía de mi entrada para el primer domingo de competición, día en el que suelen comenzar los octavos de final del torneo. Para ir a París, el día 3 de junio, cogí el Thalys a primera hora desde la estación de Bruxelles Midi con destino a Paris Nord. Una vez allí sólo tuve que coger un metro en dirección a los Bosques de Bolonia donde se desarrolla el torneo.

La organización del evento es destacable, ya que desde que sales de la parada del metro tienes indicaciones cada pocos metros para saber hacia donde tienes que caminar. A medida que me iba acercando a la entrada, se iba viendo mucha más gente, enamorados del tenis procedentes de todas las partes del planeta. Hasta que llega el momento en el que presencias esta imagen y todos los recuerdos que tienes de Roland Garros. Para mí esos recuerdos están marcados por las victorias de Bruguera, Kuerten, Moyá, Ferrero; descubrimiento como el holandés Verkerk; grandes jugadores que nunca lo ganaron como Pete Sampras, y otros que lo consiguieron después de muchas intentonas como Roger Federer o Andre Agassi). Todas estas imágenes vienen a tu cabeza cuando llega el momento de estar frente a la Puerta de los Mosqueteros.

Después, y una vez dentro, ya comienzas a emocionarte viendo pistas que siempre escuchabas en la televisión como la Suzanne Lenglen, la Philippe Chatrier, la Pista 1 o más bien conocida como la Plaza de Toros.

El día se desarrolló con mucho ajetreo, visitando las distintas pistas para ver todo el recinto y poder ver los entrenamientos de distintos jugadores. Pero he de reconocer que hubo dos puntos fuertes en el día, el partido entre Novak Djokovic y Andreas Seppi, en el que el italiano ganaba dos sets a cero y el serbio consiguió remontar para llevarse el partido en el quinto; y sobre todo, y el que más expectación había generado en el recinto de Roland Garros, el partido entre el gran Roger Federer y el semidesconocido belga David Goffin. En este partido, y por una vez, observé como el público de Roland Garros animaba al rival de Roger, que estaba dando un espectáculo digno de mención. Finalmente la clase se impuso y Roger pasó de ronda, pero toda la gente recordará la soltura con la que este chico belga jugó frente al todopoderoso suizo.

De cualquiera de las maneras y pese a sus victorias en esta ronda, ambos jugadores acabaron sucumbiendo al poderío de Don Rafael Nadal, amo y señor de la tierra parisina mientras las lesiones no se lo impidan.

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