De nuevo ha pasado mucho tiempo sin escribir nada en el blog, concretamente casi dos meses, que, evidentemente, han dado lugar a muchas experiencias nuevas en la ciudad de Amberes y los alrededores.

Justo después del último comentario escrito, disfrutamos de un generoso puente de 4 días, cosa poco habitual en Bélgica. Como buenos viajeros, lo aprovechamos para visitar nuevos lugares, en concreto el norte de Alemania. La expedición estaba formada por: Jon, Oihane, Ibán, Pascal, Charlotte, Yves, Hao y un servidor. Las ciudades visitadas, y por este orden, fueron: Lübeck, Hamburgo y Bremen.

Lübeck es una ciudad bastante pequeña para lo que suele ser habitual en las ciudades más famosas del territorio alemán (unos 200.000 habitantes). Es conocida como la ciudad de las 7 torres, debido a que al llegar al centro de la misma, se pueden observar desde las orillas del río Trave 7 edificios con una altura bastante superior al resto. Un aperitivo es la siguiente imagen:

En esta ciudad pasamos únicamente la tarde del primero de los días. Después de un viaje de seis horas, nos dejamos llevar por las “torres” de la ciudad, e íbamos visitando todos los lugares que sobresalían sobre el resto de edificios de la ciudad.  Debido al cansancio del viaje y a que la expedición estaba dividida en dos coches, que llegaron a distinta hora,  la primera parada tuvo lugar en la casa Paulaner de Lübeck, degustando la cerveza de la región de Baviera en la casa oficial de Lübeck.

El resto de la tarde se pasó paseando por la ciudad, buscando calles menos transitadas con el fin de encontrar lugares interesantes además de todas las torres de la ciudad.

Uno de los puntos anecdóticos de la visita, tuvo lugar cuando llegamos a la iglesia de  St. Mary. En su entrada pudimos ver un diablo sentado en una roca, no pudiendo dar crédito a lo que veíamos, pensando: “Estos alemanas están tocados”.

Según cuenta la historia, y que presento en inglés posteriormente, el diablo en un inicio creía que el edificio iba a ser un bar de vino. Por ello, el diablo se mezcló con los trabajadores y empezó a colaborar en las obras, viendo que ese podía ser el destino de muchas almas descarriadas. El diablo veía el edificio crecer y crecer, hasta que un día se enteró de lo que en realidad iba a ser. En ese momento intentó destrozar las paredes que ya existían del edificio lanzando bloques de piedra, pero no le fue posible. Uno de los trabajadores le dijo que no lo intentará más y le construirían un bar en el vecindario. Con ello, el diablo se dio por satisfecho y dejó la piedra que hoy en día descansa al lado de la iglesia. Justo en frente de la iglesia los trabajadores construyeron la bodega del ayuntamiento.

Una vez concluyó la visita a Lübeck, emprendimos camino a Hamburgo, ciudad con el tercer puerto más grande de Europa, y actualmente la ciudad más rica de Alemania.

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