Este artículo lo quiero dedicar a hacer hincapié en una serie de pensamientos que me llevan asaltando cierto tiempo. Bastante a decir verdad. Esta semana han vuelto a mi cabeza después de conversaciones con amigos presentes en España y otros que la abandonan como en mi caso, y por ello no he podido más que compartirlo con vosotros.

En el momento en que yo elegí un camino distinto a mantenerme en España la situación en el país, en lo que al mundo laboral se refiere (sobre todo condiciones), ya dejaba bastante que desear. Los empleos presentaban unas remuneraciones ridículas en comparación a la titulación de la que se disponía, y más contando con que la mayoría de empleos se localizan en la capital, Madrid, con lo que los gastos se incrementan de manera más exponencial que lineal. Por ello, y esperando una mejora de la situación, se empieza a buscar trabajo en el extranjero, aunque primero se tiende a realizar cursos/estudios como algún máster  de los que, según palabras de los directores, se sale con trabajo asegurado o al menos con prácticas. Si se me permite el uso de la expresión: “y una mierda señor mío”. Por experiencia propia, al acabar el máster pude vivir en primera persona la situación en lo que al tema prácticas se refiere. Gracias a algunas entrevistas, especialmente en una de ellas, pude ver el percal en que me estaba metiendo. Insolente de mí, se me ocurrió preguntar si habría posibilidad de seguir trabajando en la empresa después de la realización de unas prácticas, recibiendo la grata respuesta: “Por supuesto que no”.

Esta es la situación que se presenta en España actualmente, y además, y sin ánimo pesimista, los trabajos para titulados superiores presentan cada vez más unas condiciones dantescas. No hay nada que resuma la situación mejor que una frase que me ha dicho uno de los jefes de mi departamento en Bélgica cuando estuvimos hablando sobre la situación laboral en España: “Es insólito que los que se muevan del país sean gente con titulación superior, aquí en Bélgica ocurre totalmente lo contrario”.

Insólito, esa es la palabra que resume la situación de nuestro país.

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